--CONSTRUYENDO--
 

 

Que se sepa, es la primera vez que el libro de Russell Miller se traduce al español. Se irán incluyendo entregas regulares hasta terminar. Creada el 9 de enero de 2004
 

 
 
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Última actualización, 29 de marzo de 2009
 
 

AVISO: Lamentablemente no estoy cualificado para realizar una traducción como sería necesario, por lo que pido disculpas por los errores que seguramente tendrá; tampoco tengo recursos económicos como para costear una traducción profesional. El texto se irá revisando y puliendo en sucesivas revisiones. Esta obra se está traduciendo del italiano ya que directamente del inglés sería para mí mucho más duro y demoraría más. El texto se encuentra en http://www.allarmescientology.it/libri/bfm/index.htm. Los que dominan el inglés es mejor que se dirijan a http://www.clambake.org/archive/books/bfm/bfmconte.htm pero yo no me hago responsable de los errores que pueda tener la transcripción, caso de que los hubiera. Afortunadamente dispongo de un ejemplar del libro impreso en inglés por lo que me esmeraré dentro de mis posibilidades en ofrecerles la mejor tradución que pueda. si quieres escribir: Forma de contacto

 

 


 

 
L. RON HUBBARD, EL GURÚ DESENMASCARADO
 

 

Este libro está dedicado a todos los cienciólogos que han tenido la valentía de enfrentarse a la verdad y contarla.
 

 

NOTA DEL AUTOR
 
 

Me habría gustado dar las gracias a los responsables de la Iglesia de Cienciología por su ayuda en la puesta a punto de esta biografía, pero eso es imposible porque por el precio de su cooperación, exigían un control absoluto sobre mi manuscrito; precio que he rechazado pagar. Esa Iglesia desplegó de inmediato esfuerzos constantes para impedir que las personas que habían conocido a Hubbard me hablaran de él y no ha cesado de amenazarme con pendencias legales. Los abogados de Cienciología de Nueva York y Los Ángeles me dejaron claro en varias cartas que esperaban las calumnias y difamaciones hacia L. Ron Hubbard. Cuando repliqué que en treinta años de periodismo nunca había sido acusado de difamar a alguien, investigaron sobre mí sin decírmelo y escribieron a mis editores en Nueva York suponiendo que esta información era "totalmente incorrecta". Sin embargo era y es hoy más cierta que nunca.

 

Sin la ayuda de numerosas y antiguos cienciólogos, que apesar de los considerables riesgos a los que su franqueza les exponía me dedicaron su tiempo para explicarme sus experiencias, este libro no habría podido ser publicado. Algunos de ellos han aceptado ver su nombre en esta obra pero mi reconocimiento hacia los que han preferido conservar el anonimato no es menor. Su honestidad, lucidez y coraje me impresionaron mucho.

 

Si la Ley Americana de Libertad de Informacion (Freedom of Information Act) que garantiza el acceso a los archivos oficiales no existiera, no lo habría podido escribir. Esto podría ser un tema de reflexión para todos los que, preocupados por la investigación de la verdad, todavía se oponen a establecer una legislación del mismo tipo en países como Reino Unido.

 

Quiero agradecer muy en particular al ex-cienciólogo Jon Atack de East Grinstead que dispone de uno de los fondos documentales más completos sobre Cienciología y su fundador, generosamente me permitió consultarlos. Igualmente quiero agradecer a George Hay y John Symonds de Londres; Lydia y Jimmy Hicks de Washington DC; David y Milo Weaver de San Francisco; Connie y Phil Winberry de Seattle; Skip Davis de Newport, Rohde Island; Diane Lewis de Wichita; Arthur Jean Cox, Lawrence Kristiansen y Boris de Sidis de Los Ángeles; Ron Newman de Woodside, California; Ron Howard de la Universidad George Washington; Sue Lindsay del Rocky Mountain News de Denver; Dave Waters de la Sociedad Histórica de Montana y a los trabajadores siempre serviciales de la Biblioteca del Congreso. A todos los que no puedo nombrar y que pacientemente han respondido a mis solicitudes por correo, indagando en sus recuerdos, en busca de respuestas a las innumerables preguntas. Su contribución a esta obra es inestimable.

 

Mi editor Jennie Davis por haber pulido el manuscrito con su habitual talento a pesar de su mellizos recién nacidos. Mi querida y tierna Renate que ha releído cada capítulo desde que se escribía en el papel, comunicando siempre buenas ideas; ha sufrido mis largas ausencias mientras averiguaba la verdad sobre L. Ron Hubbard; por aguantar la vida con un autor obsesionado por su trabajo durante largos meses. Nunca podré agradecerle su paciencia, amor y ayuda.

 

 

Russell Miller,
Buckinghamshire,
Inglaterra

 

INTRODUCCIÓN
 

La iglesia de Cienciología intenta hacer valer desde hace más de treinta años,(libro editado en 1987, N del T) una imagen de L. Ron Hubbard como la de un audaz explorador e inventor a la par de inspirado filósofo, que en sus años de juventud fue fortuítamente preparado como jesucristo en la misión de redentor universal. Tal glorificación del personaje, supuesto superhombre y salvador de la humanidad, no podía realizarse sin ignorar totalmente la realidad de los hechos; es porque cada una de las biografías de Hubbard publicadas por su iglesia está rellena de invenciones claras y evidentes, de verdades trapicheadas y adornos grotescos. Lo más ridículo de esta impostura es que la verdadera historia de L. Ron Hubbard es tan extravagante e inverosímil como cualquiera de sus mentiras.

 

 

PRÓLOGO
 

 

LA REVELACIÓN DE RON
 

La escena bien podría encontrarse en la amarillentas páginas de una de las revistas populares de ciencia ficción donde L. Ron Hubbard publicaba su prosa en los años treinta...

 

Un grupo de jóvenes venidos de otro lugar y creyéndose inmortales establece su base secreta en una estación termal abandonada en pleno desierto al sur de California. Desconfían de los extraños al grupo y creen estar acosados por el FBI. Entonces, al borde del pánico, intentan hacer desaparecer todo lo que podría perjudicar a su adorado líder. Su protección es para ellos su deber más sagrado; ellos saben que es el único capaz de salvar al mundo de las catástrofes que se avecinan.

 

Uno de ellos fisgonea en el desván de un ruinoso hotel y descubre una pila de cajas de cartón llenas de fotografías descoloridas, manuscritos arrugados, cuadernos llenos de garabatos infantiles y boletines de calificaciones. Enumera 21 cajas llenas de antiguallas diversas; también ve una canastilla.

 

El inventario de lo encontrado sumerge a este joven en el éxtasis, pues está convencido de haber hecho un descubrimiento fundamental; estos documentos representan el testimonio sobre la infancia y la juventud de su líder. Por fin -cree él- seremos capaces de refutar las calumnias propagadas por sus enmigos. Por fin podremos demostrar claramente al mundo entero que nuestro líder es realmente un genio dotado de poderes milagrosos...

 

Así se ensambló el inexorable proceso que llevaría a descubrir al verdadero Ron Hubbard, el redentor que nunca lo fue.

 

 

* * * * *
 
 

Gerry Armstrong es ese joven arrodillado en el polvo del desván del antiguo Hotel Del Sol en Gilman Hot Springs en esa tarde de enero de 1980, con más de diez años de cienciólogo sacrificado, había sido leñador en Canadá en 1969 cuando uno de sus amigos le dio a conocer Cienciología, cuyas promesas de poderes sobrenaturales e inmortalidad le sedujeron de inmediato. Sometido a constantes humillaciones durante sus años en el seno de la iglesia, fue condenado en dos ocasiones a largos períodos en el Rehabilitation Project Force, púdico nombre de la prisión de la secta y vio naufragar su matrimonio. Él se quedó a pesar de todo, convencido que Ron Hubbard era el hombre más grande jamás habido en la tierra. La ciega lealtad que Hubbard inspiraba a sus adeptos se asemeja bastante a un lavado de cerebro. Después de la guerra, la Cienciología prosperó en un contexto de inestabilidad y protesta donde los jóvenes tendían a dar un sentido a su existencia buscando nuevas creencias a las que adherirse e integrarse. Hubbard le ofrecía todo con la promesa de aportar respuestas a sus preguntas. Para aislarlos mejor de la sociedad, cultivó en ellos la impresión de formar parte de una élite seleccionada. Así, separados de la realidad del mundo, viviendo cada vez más aislados, exaltados por los conocimientos esotéricos que creían adquirir, estaban dispuestos a seguir a Hubbard hasta el mismo infierno si éste lo hubiera exigido.

 

En el momento en que Armstrong descubrió su tesoro en Gilman Hot Springs, Hubbard estaba en la clandestinidad desde hacía varios años. Su localización se conocía como "X" pero Armstrong sabía cómo enviarle mensajes y solicitó la autorización para iniciar los trabajos de elaboración de una biografía oficial ante la que, según él, se abriría el camino hacia el "reconocimiento universal" de la Cienciología. El libro sería el precursor de una espectacular película reflejando la vida de Hubbard. En cuanto a esos valiosos documentos constituirían los archivos conservados en un futuro museo Hubbard.

 

Cercano a los setenta años de edad Hubbard vivía en su universo fantasmagórico. Era incapaz de diferenciar entre la verdad y sus invenciones. Se veía como un joven e intrépido trotamundos o un filósofo lleno de sapiencia, describían las biografías. Su espíritu era demasiado escleroso para entender que , en su caso, la realidad sobrepasaba con creces su fantasía. Autor de ciencia ficción barata se convirtió brúscamente en gurú multimillonario, profeta infalible; durante más de diez años había dirigido su flota por los mares del mundo y estuvo a punto de hacerse con el control de varios países. Adulado por miles de sus fieles en el mundo entero, era, al mismo tiempo odiado y temido por la mayor parte de los gobiernos. Su delirio imaginativo nunca había inventado peripecias más inverosímiles que las de su propia vida y apesar de todo se aferraba a sus fabulaciones. Cuando en enero de 1980 le llegó la solicitud de Armstrong a su guarida secreta aprobó el proyecto sin vacilación.

 

Si Armstrong no tenía experiencia como investigador y como documentalista, él era, en cambio, inteligente, aplicado, escrupuloso y entusiasta. Tras haber enviado lo esencial de sus hallazgos de Gilman Hot Springs a la sede de Cienciología en Los Ángeles donde ocuparían seis clasificadores, se encargó de referenciar catalogar y fotocopiar todo; creyendo en su valor histórico, preservó cuidadosamente los originales en fundas de plástico.

 

Poco después de iniciar este trabajo aparecieron unos carteles en las oficinas de Cienciología anunciando el pase privado de una película producida por la Warner Brothers en 1940, The Dive Bomber, de la que Hubbard había escrito el guión. Ningún cienciólogo desconocía que el ídolo era antes de la guerra un célebre guionista de Hollywood. La sesión serviría para reunir fondos destinados a la defensa de 11 cienciólogos entre los que se encontraba la propia esposa de Hubbard; comparecerían ante un tribunal de Washington bajo el cargo de conspiración. Armstrong deseaba aportar precisiones sobre la participación de Hubbard en esta película. Se dirigió a la Academia de Cine de Los Ángeles donde averiguó con estupor que el guión de la película era atribuído a otros dos autores.

 

Habiendo expresado su indignación a la bibliotecaria, escribió a Hubbard para avisarle del error cometido. Hubbard le respondió alegremente que la Warner Brothers había distribuído el film con tanta prisa que se dio cuenta demasiado tarde que su nombre había sido omitido de los créditos. Desbordado en esa época por la mudanza de su lujoso apartamento de Riverside Drive en Nueva York y preparándose para ir a la guerra, se contentó con escribir al estudio de que enviaran el cheque a los buenos cuidados del Explorers Club del que era miembro. Este dinero le fue entregado después de la guerra para disfrutar unas bien merecidas vacaciones en el caribe, -ledijo.

 

Armstrong estaría plenamente satisfecho por esta explicación de no ser por un detalle. Como todos los cienciólogos, sabía que Hubbard había regresado de la guerra ciego e inválido y que su curación fue debida al potencial de sus facultades espirituales. Hubbard no podía haber hecho este viaje antes de su curación -pensó él. En la creencia de comenter un error, quiso verificar la cronología de los acontecimientos y en el marco de la ley sobre libertad de información pidió a los archivos de la Marina la oportunidad de consultar el expediente de Ron Hubbard.

 

Los cienciólogos alababan a su fundador, ese héroe cubierto de medallas, presente en todos los cuadros de operaciones y víctima de numerosas heridas; el mismo fue el primer americano herido en el Pacífico!! También Armstrong, con una enorme incredulidad y desconcierto, tomó conocimiento del expediente enviado por Washington. De un documento a otro, buscó en vano una explicación sin querer aceptar las pruebas que se mostraban ante sus ojos. Lejos de ser un héroe, Hubbard había destacado por su incompetencia y su cobardía que le impulsaban a simular enfermedades para evitar ser enviado a primera línea.

 

Completamente dispuesto a no creerse nada, Armstrong dejó de lado el expediente y decidió retomar sus investigaciones desde el principio, en Montana, donde Ron dijo haber pasado su infancia en el gran rancho de su abuelo. No encontró ninguna propiedad a nombre de la familia Hubbard, salvo una casita en el centro de la ciudad de Helena. Ningún documento sobre los viajes de Hubbard a China durante la adolescencia En Washington, donde Hubbard había obtenido una licencia en matemáticas y su diploma de ingeniero, los expedientes de la Universidad George Washington señalaban que había tenido que abandonar sus estudios por malas notas. En cuanto a las legendarias expediciones del intrépido explorador Hubbard no había ni rastro de ellas.

 

"A cada paso que daba caía en contradicciones e incoherencias" -me dijo Armstrong. "Intentaba justificarlas repitiéndome que acabaría encontrando un documento que lo explicaría todo; contra más buscaba menos encontraba. Poco a poco comprendía que este tipo no había dejado de mentir por interés propio".

 

Durante el verano del 81 Armstrong había reunido más de 250.000 páginas de documentación sobre el fundador de la iglesia de Cienciología. La espantosa diferencia que revelaban las investigaciones no había sin embargo, quebrantado su confianza. "Yo me decía, bueno, sabemos que es humano y que dice mentiras. Basta con clarificar esto y el bien que ha hecho al mundo aparecerá de forma más destacada. Pensaba que la única forma de salvaguardar nuestra existencia colectiva consistía en decir la verdad más positiva que las mentiras".

 

Las demandas de Armstrong no tuvieron ningún éxito. Desde que Hubbard vivía en retiro, la iglesia de Cienciología el control de ésta había asumido por jóvenes adeptos conocidos con el nombre de "Mensajeros". La época en la que el Comodoro (Hubbard) dirigía su flota privada desde su buque insignia se rodeó especialmente de "Mensajeros" pequeños muchachos en pantalones muy cortos que hacían sus encargos y que se esmeraban en complacerle lo mejor posible. Habían llegado a vestirlo y a desnudarlo, a lavarle la cabeza, a embadurnarlo con cremas rejuvenecedoras, hasta le seguían cenicero en mano para recoger los restos de sus cigarrillos. Pero el Comodoro, sumergido en la paranoya se sentía rodeado de enemigos y de traidores, así los mensajeros acapararon cada vez más poder.

 

En noviembre de 1981 Armstrong envió un informe escrito enumerando las falsas aserciones dichas por Hubbard y explicando por qué era imperativo corregirlas. "Si persistimos en querer hacer pasar como verdaderas, las inexactitudes, exageraciones, flagrantes mentiras, -escribía- poco importa como nosotros las interpretemos, bastará con que alguien de una prueba contraria y evidente para que nuestro jefe sea considerado como un charlatán, al menos desde fuera"

 

Los mensajeros respondieron a Armstrong requiriéndole para una "verificación de seguridad" (un interrogatorio en toda regla) al cual rechazó prestarse. En la primavera de 1982, acusado de 18 "crímenes" y "altos crímenes" contra la Iglesia de Cienciología y en particular de " robo, falso testimonio y divulgación de informaciones falsas sobre la iglesia y su fundador" Gerald Armstrong fue declarado "persona supresiva" y condenado al llamado "juego justo" de sus antiguos "hermanos" en Cienciología que estaban en derecho a perseguirlo y neutralizarlo por todos los medios incluyendo artimañas y violencia con la bendición de su iglesia.

 

"Para mí, en ese momento, el espejismo de la Cienciología se desvaneció. -me dijo. Era consciente de estar atrapado por una sarta de embustes, por técnicas maquiavélicas de control mental y por el terror. Había perdido la fe al ver hasta qué punto Hubbard mentía sobre él. Pasó la vida engañando a la gente, trampeando en asuntos, defraudando al fisco, huyendo de sus acreedores y esquivando demandas judiciales. Ese hombre era una mezcla de Adolf Hitler, Charlie Chaplin y el Barón de Münchhaussen. En resumen, un farsante y un estafador"

 

 

CAPÍTULO 1
 

 

EL FALSO NIÑO PRODIGIO
 

De acuerdo con la colorida historia para el disfrute de sus seguidores, L. Ron Hubbard descendía por parte de madre de un aristócrata francés, un tal Conde de Loupe que había participado en la conquista de Inglaterra por los Normandos en 1066 y por el lado paternal, los Hubbard eran colonos ingleses establecidos en América a lo largo del siglo XIX. Las dos ramas de la familia eran de expertos navegantes. Su bisabuelo y su abuelo maternos, el Comodoro IC DeWolfe y el Capitán de Navío Lafayette Waterbury, habían "escrito páginas de la historia naval americana"(1) En cuanto a Harry Ros Hubbard, su padre, fue también Capitán de Fragata de la US Navy.

 

Durante las largas ausencias de éste último, llamado a cumplir el deber, el joven Ron se regocijaba en las inmensas propiedades que cubrían una cuarta parte de la superfície del estado, unos 90.000 kilómetros cuadrados que su abuelo materno, riquísimo ganadero, poseía en Montana. Ranchero, cow-boy en ciernes, Ron tenía como allegados a los pioneros, los cow-boys, los hechiceros indios. "Él recorría el territorio, domaba los potros, cazaba el coyote y hacía sus primeras experiencias de explorador, ya que fue en su relación con los indios Pies Negros (los Pikuni) donde se hizo hermano de sangre teniendo sus primeros contactos con otra cultura. Más adelante escribiría sobre ellos en su novela Bucksin Brigades. En 1921, a la edad de diez años, debió integrarse al hogar. Alarmado por las lagunas de su escolarización, su padre le aplicó un programa intensivo dedicado a recuperar el tiempo perdido en las salvajes praderas del lejano oeste. Fue así como a los doce años Hubbard había leído y asimilado a los grandes clásicos de la literatura mundial y sentía despertar su pasión por la religión y la filosofía."(2)

 

 

* * * *
 

Nada de todo esto es verdadero o casi. La verdadera historia de la infancia de Hubbard es mucho más prosaica. No pasa por lo amplios horizontes de un enorme rancho sino que se desarrolla en la sucesión de modestos alojamientos pues su padre no era más que un modesto empleado apurado que iba de un pequeño trabajo precario a otro. Su abuelo no era ese alto magnate, intrépido navegante instalado en tierra sino un gris veterinario que redondeaba su renta explotando una caballeriza y una cochera de alquiler. Es cierto que se llamaba Lafayette Waterbury.

 

Los Waterbury eran originarios de la región de Catskills, cadena montañosa del estado de Nueva York, famosa en el siglo XIX por Washington Irving donde escenificó las aventuras de Rip Van Vinkle personaje casi tan fantástico como el futuro descendiente de los Waterbury...

 

Poco antes de la guerra de secesión, Abraham Waterbury y su joven esposa Margaret habían formado parte de la oleada de colonos que partían hacia la conquista del oeste, hacia un mejor porvenir en grupos de caravanas. En 1863 Abraham se estableció como veterinario en Grand Rapids, Michigan, y el 25 de julio de 1864 Margaret dio luz a un hijo al que pusieron de nombre Lafayette en recuerdo de la ciudad de Indiana donde habían hecho una parada en su viaje a Grand Rapids.

 

Lafayette, más tarde apodado Lafe, aprendió su oficio de veterinario y se casó antes de los veinte años. Su novia de 21 años se llamaba Ida Corinne DeWolfe ,de Hampshire, Illinois. De baja estatura, Ida era una mujer apacible, inteligente, joven de carácter fuerte; su madre había fallecido en el parto de su octavo hijo cuando ella tenía 16 años. Su padre, John DeWolfe, era un banquero acomodado, muy aferrado a una leyenda relativa a los orígenes de la familia en Europa. Si las fechas y los detalles permanecían confusos, la historia, relataba que un lejano ancestro al servicio de un príncipe francés había sacado a su señor de las fauces de un lobo. El príncipe habría manifestado su gratitud ennobleciendo a su salvador y concediéndole el título de Conde de Loupe nombre posteriormente anglizado De Wolfe. [No existe ni en Francia ni en Inglaterra documento alguno verificando la existencia de esta bagatela. El Vicealmirante Harry De Wolfe, doceavo descendiente de Baltasar De Wolfe, el primero de ese nombre establecido en América, declara no haber oído hablar jamás de un mítico Conde de Loupe (3)].

 

De Wolfe ofreció al joven matrimonio el disfrute de una hacienda de la que él era propietario en Nebraska con la condición que Lafe la mantuviera y mejorara. Estaba en Burnett asentada a orillas del río Elkhorn, cientos de millas al oeste de Omaha y recientemente en desarrollo por la overtura del ferrocarril Sioux City & Pacific Railroad.

 

Burnett era un insignificante grupo de cabañas, y cobertizos destartalados que se amontonaban en una suave curva del río, rodeando la pradera. Puede que nunca apareciera en ningún mapa pues no tenía propietarios de tierra, lo que convenció al ferrocarril a hacer una parada. El primer tren llegó en 1789, después la ciudad se desarrolló en pocos años con un almacén general, un salón y caballerizas. El Davis House Hotel, abierto en 1884, estaba considerado el mejor en todo Fremont, Elkhorn y el Valle de Missouri.

 

Lafe e Ida Waterbury llegaron a Burnett, poco después de la inauguración del hotel. Ida estaba embarazada; trajo al mundo a su primera hija, Ledora May, en 1885. A lo largo de los 20 años siguientes Ida dio a luz a siete hijos más y dedicó su vida abnegadamente a la crianza de una familia unida, alegre y feliz.

 

Lafe explotó durante un par de años la hacienda de su suegro. Éste habiendo anunciado que pretendía legarla a su yerno, hizo que sus hijos se sintieran perjudicados. Antes de sembrar un conflicto en la familia, Lafe prefirió retirarse e instalarse en la ciudad donde retomó su oficio de veterinario y habrió una caballeriza de alquiler. Querido y respetado por sus conciudadanos, sus negocios no tardaron en prosperar; particularmente después de desempeñar un papel protagonista en un drama doméstico que tuvo brevemente a la ciudad en vilo. La hermana de Ida, que también se había trasladado a Burnett, despertó una mañana descubriendo que su marido la había abandonado y se había llevado a su hijo a Nueva York. Lafe cogió su equipaje y fue a Nueva York en tren, logró conectar con el marido y regresó a con su sobrino en sus brazos.

 

Cuando Ida dio a luz a otra hija en 1886, tuvo el detalle afectuoso de llamarla Toilie. Habían contratado a un hombre joven que se había comprometido en matrimonio con una mujer llamada Toilie ante de volverse un perturbado mental; siempre que se sentía mal, buscaba a Lafe y encontraba tranquilidad en su compañía. Cuando supo que Ida y Lafe habían tenido otra hija les preguntó tímidamente si la llamarían Toilie, ya que nunca podría casarse con el amor que conocía. Años más tarde, la irreverente Toilie gesticularía con el dedo en la cabeza y se reiría porque un loco le había puesto nombre.

 

Toilie seguía siendo un bebé cuando los malos tiempos llegaron a Burnett. En enero de 1887 una catastrófica tormenta asoló las praderas al oeste del Mississippi matando a miles de reses de ganado, arruinando a la mayoría de rancheros locales de la noche a la mañana. Los granjeros no tuvieron menos suerte porque ese terrible invierno fue seguido varios veranos consecutivos de mucho calor y plagas de langosta que devastaban la escasa cosecha. Pero en un extremo, cuando muchos habitantes desesperados iban a abandonar, el clima mejoró repentinamente y la maldita langosta desapareció. Al contrario que muchas pequeñas ciudades de la pradera de Nebraska, Burnett sobrevivió a la crisis.

 

En 1899, el periódico local, The Burnett Citizen, puso como ejemplo de aumento de la prosperidad que Lafe Waterbury estaba entre los que se habían construido una vivienda nueva en la ciudad ese año. Era bonita, dos plantas, de madera, situada en Elm Street, abrigada por dos olmos enormes. En la parte de atrás, más allá de un grupo de sauces, la pradera se extendía hasta el orizonte. Ciervos y antílopes estaban amenudo a la vista y de noche el aullido del coyote hacía temblar a los niños acostados.

 

Ciertamente los Waterbury necesitaban el espacio que les ofrecía su nuevo hogar porque ahora May y Toilie tenían a Ida Irene (llamada Midgie en la familia, por su baja estatura), un hermano, Ray y dos hermanas más, Louise y Hope. Otras dos muchachas, Margaret y June, les seguirían en 1903 y 1905. Lafe e Ida, amaron a sus hijos, gozaron profundamente de su compañía y sólo se disgustaban cuando el hogar era un exceso de riudo y risas. Ida estaba dispuesta a que sus hijos tuvieran una educación mejor que la suya -ella nunca olvidó que la regañaban constantemente por escribir con la mano izquierda- Por consiguiente, los Waterbury eran inusualmente liberales para la época, por ejemplo, animando a su prole a ir a misa los domingos pero preocupándose poco de a qué iglesia iban. Sorprendentemente había opción de elegir. Para una ciudad pequeña, con una población inferior a los mil habitantes, Burnett era una comunidad excesivamente temerosa de Dios que apoyaba a cuatro prósperas iglesias; Bautista, Luterana, Metodista y Católica.

 

Lafe e Ida decían siempre que estaban demasiado ocupados para ir a la iglesia, aunque Lafe declaró abiertamente a sus hijos su ambivalencia hacia la religión: "Algunos de los hombres más buenos que he conocido eran predicadores" -decía. "Y algunos de los hipócritas más grandes que he conocido eran predicadores". Era un gran fanfarrón con un sentido del humor incontenible, talento para la mímica y algo de showman, amenudo solía anunciar la intención de dar a sus hijos una representación. Por las pardes, después de beber uno o dos tragos, se sentaba en el porche y tocaba un violín que tenía el rostro de un negro tallado en el extremo del mástil.

 

Enseñados por Lafe que estaba considerado uno de los mejores jinetes del condado de Madison, todos los niños apredieron a montar casi tan pronto como podían andar y a cada uno de ellos le fue asignado un pony del establo Waterbury. También se alojaba con los caballos la vaca de la familia, Star, que les proveía complaciente de tanta leche como podían beber.

 

En 1902, a fin de evitar confusiones con una ciudad vecina de nombre similar, los ciudadanos de Burnett rebautizaron su ciudad como Tilden conmemorando al candidato presidencial no elegido, Samuel L. Tilden que disputó las elecciones de 1876 ganadas por Rutherford B. Hayes. May, la primogénita de los Waterbury, se graduó en 1904 en la High School de Tilden. Ya mayor, decidida, independiente y fervorosa feminista se indignó cuando leyó en un periódico que un policía de Nueva York había arrestado a una mujer por fumar en la calle y se emocionó al enterarse que Helen Keller, sorda y ciega, se había graduado en el Radcliffe College el mismo año que ella se graduó en Tilden. Nadie se sorprendió cuando May dijo que prefería emprender una carrera más que encerrarse en un papel de esposa y madre de familia. Partió con el consentimiento de sus padres para emprender sus estudios de maestra en Omaha. Pero apenas diplomada como maestra de escuela secundaria e instituto, certificado de Nebraska, escribía varias cartas a su familia, citando a un joven marino que había conocido, apodado Hub.

 

Harry Ros Hubard no descendía de un largo linaje de ancestros; era huérfano. Henry August Wilson nació el 31 de agosto de 1886 en Fayette, Iowa. Su madre murió cuando él era un bebé y fue adoptado por el señor y la señora James Hubbard, granjeros de Frederiksbrug, Iowa, cambiando su nombre por el de Harry Ros Hubbard.

 

Alumno mediocre en el colegio, Harry quiso probar en una escuela de comercio en Norma Springs, Iowa, pero abandonó cuando se dio cuenta de que no tenía ninguna oportunidad de obtener un diploma. El uno de septiembre de 1904, al día siguiente de su 18 aniversario, se enroló como simple marinero en la US Navy. Mientras prestaba servicio como oficinista de abordo en el USS Pennsylvania escribió "historias románticas" para los periódicos internos ganando un sobresueldo. En 1906 fue destinado a la oficina de reclutamiento de la US Navy donde conocería a May Waterbury. Ella no tardó en olvidar sus grandes proyectos de carrera; se casaron el 25 de abril de 1909 y en verano de 1910, May estaba embarazada. Su marido, de nuevo civil, había encontrado un empleo de representante en la administración publicitaria del periódico local, el Omaha World Herald.

 

Al mismo tiempo los Waterbury habían dejado Tilden para instalarse en Durant, al sudeste de Oklahoma, cerca del límite con Texas. Viendo el primer Ford-T aventurarse en la fangosa calle mayor de Tilden, Lafe se dio cuenta de la amenaza que pesaba sobre el futuro de los caballos de alquiler. Ya que uno de sus amigos vivía en Durant y le había hablado de la dulcura del clima, Lafe e Ida decidieron de mutuo acuerdo partir con sus hijos haciendo el viaje de ochocientas millas en ferrocarril. Irradine, de 16 años, hizo el viaje con Star y los caballos dándoles de comer y limpiándolos durante el viaje.

 

Solamente Toilie, su segunda hija de 23 años, permaneció en Tilden. Trabajaba como enfermera y secretaria del doctor Campbell que acababa de abrir su propia clínica, en Oak Street justo a una manzana de casa de los Waterbury. Toilie no quería perder el trabajo y sus padres aceptaron fácilmente su decisión de no ir con ellos a Oklahoma.

 

Campbell, que había abierto una clínica en Tilden en 1900, asistió a Ida Waterbury en los dos últimos partos pero fue el hecho que Toilie trabajara para él lo que convenció a May para volver a Tilden a dar a luz a su hijo. Con apenas un año de diferencia, May y Toilie habían estado siempre unidas, compartiendo dormitorio y secretos íntimos.

 

Toilie esperaba en la estación de Tilden a finales de febrero de 1911 cuando May, ayudada esmeradamente por Hub, descendió del tren. Aunque Tilden no seguía siendo más que un lugar con cuatro calles sucias que iban de norte a sur ,entrecortadas por otras cuatro calles de este a oeste, May notó un montón de cambios en el poco tiempo que había estado ausente. Se habían construido cuatro almacenes de grano, tres tabernas y dos salones de billar. La señora Mayes competía con las hermanas Botsford en el negocio de los sombreros e incluso existía una Opera House. La verdad es que aún no había hecho su primera representación pero los pasacalles siempre eran populares, particularmente desde que la Alexander's Ragtime Band había hecho bailar al país.

 

El nacimiento no tardaría; los primeros dolores se manifestaron en la tarde del domingo diez de marzo y Toilie lo dispuso todo para que fuera inmediatamente admitida en la clínica del doctor Campbell. Su hijo nació durante la madrugada, el lunes 11 de marzo a las 2 h. y un minuto. Hub y ella ya habían decidido que si era un muchacho se llamaría Lafayette Ronald Hubbard.

 

Ida y Lafe Waterbury no vieron a su primer nieto hasta las navidades de 1911, cuando Hub, May y el bebé llegaron a Durant para pasar las fiestas con ellos en Durant. Lafe, que regresaba de tratar un caballo del vecino se alegró mucho, arrojó su sombrero y se dirigió a la cuna para tocar la mano de su nieto. El bebé Ron sonrió complaciente y Lafe, dando alaridos de placer, exclamó a su esposa: "Mira, el pequeño hijo de puta me conoce".

 

La sorpresa más grande para la familia era que Ron tenía mechas pelirrojas. Hub tenía el pelo moreno y a lo más, los Waterbury eran castaños -nada como el pequeño pelirrojo que gorgojeaba felizmente y era llevado de un regazo a otro. Margaret, de siete años de edad y conocida familiarmente como Marnie, habló por todos cuando describió a su sobrino "lindo como un coquito".

 

Durante esa navidad, May le dijo a sus padres que Hub había conseguido un nuevo trabajo en un periódico de Kalispell, Montana y que se mudarían desde Omaha a primeros de año. Esperanzada, creía que era un paso adelante para ellos.

 

En la primavera de 1912, May escribió a su familia cartas llenas de entusiasmo describiendo los encantos de la ciudad y quizá echando de menos a la familia, les sugería con insistencia venir a reunirse con ellos. Kalispell era una ciudad limpia, moderna, de calles pavimentadas, luz eléctrica y casas bonitas. En los alrededores, el valle Flathead, era famoso por su fruta y en época de floración, los campos de manzanos, melocotoneros, perales, cerezos y ciruelos tenían que verse para creerlo. Un granjero de Kalispell, Fred Whiteside, estaba tan convencido de la calidad de su fruta que daría 1000 dólares a cualquier persona que encontrara un gusano en una de sus manzanas.

 

Estas cartas les hicieron reflexionar. Ida y Lafe debieron darse cuenta que su establecimiento en Durant no había sido tan exitoso como estaba previsto. Cuando llegaron a Durant, Lafe compró un granero para sus animales, cerca de la ciudad. Durante varios meses, él y su familia durmieron en el henil; construyeron una cocina y empezaron a edificar la casa.

 

A ninguno de los niños les importaron las carencias, de hecho les gustó considerarse verdaderos colonos pero Lafe encontró los húmedos veranos, demasiado extenuantes y las descripciones hechas por May le tentaban.

 

Ida se había conmocionado profundamente por un suceso acaecido al poco de estrenar la casa. Un negro había violado a una mujer blanca en la ciudad y mientras que una cuadrilla lo buscaba, el rumor de que iba a haber un levantamiento de negros se fue propagando, causando temor en las zonas periféricas. Al anochecer, Lafe y Ray tomaron sus armas y salieron en sus caballos a proteger los alrededores de su propiedad; mientras, las mujeres esperaban detrás de las ventanas cerradas viendo la luz de las antorchas y escuchando el traqueteo de las carretas de los granjeros que llevaban a sus familias a la ciudad.

 

Aunque no hubo sublevación, Lafe e Ida pensaron que podría haber una próxima vez y no querían que su seguridad dependiera de protegerse con armas. A finales de 1912, los Waterbury vendieron su propiedad, embalaron sus pertenencias y embarcaron su ganado en el ferrocarril esta vez con destino a Kalispell, Montana, 1500 millas al noroeste. Los largos retrasos mientras esperaban ser recogidos por el tren de la línea norte demoró el viaje una semana hasta que fueron recogidos por el Great Northern Railway que les llevaría a Kalispell através de los espectaculares pasos de las Montañas Rocosas.

 

El reencuentro de la familia fue particularmente feliz y el pequeño Ron, que daba sus primeros pasos, fue objeto de todas las atenciones. "Era el niño más querido por todos" -dijo Marnie. "Todavía puedo ver aquella mopa de pelo rojo correteando por todas partes"

 

Lafe encontró una pequeña casa en Orchard Park, a poca distancia del hogar de May y Hub y sólamente a una manzana del ferial donde esperaba encontrar trabajo como veterinario. Con sólo dos dormitorios no era suficiente para la tribu de los Waterbury pero tenía un establo donde acomodaría a los caballos y aún quedaría lugar para la sufrida y viajera Star. Marnie y June, los más pequeños, fueron asignados a uno de los dormitorios y Lafe construyó en el patio, una habitación de madera para los otros cuatro. El interior estaba dividido en dos partes por una cortina de lona; Ray dormía en un lado y Midgie, Louise y Hope en el otro. Tenían una estufa para dormir calientes en invierno y estaban muy a gusto. En las tardes veraniegas, Marnie y June oían amenudo a sus hermanas mayores susurrar y reír, uniéndose a ellas para compartir las cerezas que casi cada noche robaban de un jardín vecino.

 

Los Waterbury eran felices en Kalispell: Ida y Lafe ocultaban el placer que sentían al poder ver a su nieto a diario; Midgie conocería a su futuro marido, Bob, en la ciudad. Ray desarrolló un impresionante talento en la doma de caballos; bajo sus cuidados, los potros de la familia aprendieron trucos como (...) El "Show Horses" de los Waterbury, montado por sus hijos, era popular en los desfiles y siempre compitieron en el ferial con otras razas.

 

El pequeño Ron seguía siendo el centro de atención de la família y el protagonista de los álbunes de fotos; Ron subido a un manzano; Ron con Lyberty Bill, su perro inglés, en el porche de la casa de Kalispell; Ron intentando medir la habitación de atrás con una cinta. Había heredado algo de la teatralidad de su abuelo y disfrutó mucho siendo el protagonista.

 

Un día, Lafe caminaba por la calle principal de Kalispell con Marnie y Ron cuando se encontraron con Samuel Stewart, gobernador de Montana al que había visto varias veces. "Hola Sam!" -dijo, "te presento a mi nieto Ron". Stewart se detuvo y charló con Lafe varios minutos. Al terminar, Marnie, que había sido ignorada, estaba furiosa y le dijo a su padre "¿Por qué no me has presentado? ¿Es que no te importo?" Lafe le pidió disculpas pero Marnie notó por su voz que no estaba arrepentido.

 



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